Mente y confinamiento

Para que una materia en estado de plasma no se disperse, se la confina en un campo magnético que hace que cuanto más se acerque el plasma a él, tanto mayor sea la fuerza que lo repele. Algo parecido ocurre con la mente y el miedo. La mente es el plasma, y el miedo el campo que la confina.

Como todo, el miedo cumple su función hasta que la finaliza. Igual que la cáscara del huevo, que protege el desarrollo del embrión hasta que éste la rompe porque deja de ser necesaria.

El confinamiento de la mente se materializa en ‘el escenario’, del que hemos hablado en alguna página anterior. Para que la mente pueda liberarse del confinamiento debe, primero, acercarse lo suficiente al decorado como para poder rasgarlo, venciendo el campo de miedo con el que está protegido. Para ello puede usar un ariete especial: la pregunta

¿y qué?

Si ante el miedo, en vez de huir o mantener una prudente distancia, la mente es capaz de embestirlo con ¿y qué?, comienza a analizar el miedo, lo que lo corroe desde sus cimientos, porque el resultado del análisis es la comprensión, y la comprensión desplaza al miedo. Ocupando su lugar lo elimina y la mente llega al borde del escenario, al decorado. El decorado cae, como un telón, y la mente amplía su radio de consciencia, hasta el siguiente escenario.

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