La imaginación

Tenemos una sensación de que el futuro será de una forma parecida a esta: Imaginación02

lucharemos por alcanzar determinada cosa y, cuando la consigamos, ya habremos llegado y el éxito* se mantendrá indefinidamente. Esta sensación es una de las que emanan desde esa especie de zona oscura que empieza donde termina la visión periférica, más o menos a la altura de las orejas, ese trasfondo que constituye el subconsciente. Una consecuencia de esta forma de imaginar el futuro es que vivimos como si no fuésemos a morir nunca. En nuestra sociedad este enfoque está bien visto, pero parte de una falsedad, y sobre lo falso, al igual que sobre el miedo, nunca se puede construir algo sólido.

La realidad es que todas las vidas posibles pueden enmarcarse en este otro gráfico:

Imaginación01

Todos los humanos que han existido hasta hoy desde los albores de nuestra especie han trazado líneas de vida que, independientemente de donde partiesen (sus condiciones de nacimiento), y del nivel de éxito que hayan tenido a lo largo del tiempo, han terminado en muerte, unos años por debajo o por arriba del tiempo medio de vida. Las únicas diferencias entre unas u otras están en la forma de la curva y su duración.

Ninguna es especial, resultan más o menos cómodas en función de la forma que tengan. Los tramos ascendentes suelen ser agradables y los decrecientes al revés  pero, en cualquier caso no durarán mucho, nada prácticamente respecto a los casi catorce mil millones de años que tiene este universo. Con toda seguridad, desde los cromañones hasta hoy, habrá habido miles de personas con una vida estructuralmente muy parecida a la tuya.

Habrás visto algún documental de naturaleza en el que nace una planta sobre un campo de hierba, crece, florece y muere, todo en cinco segundos… pues eso se ajusta mucho más a cualquier vida que el primer gráfico de arriba.

Los caminos de vida de todos los niños de ayer terminan, como máximo, en uno de los ancianos de hoy.

Ningún traje se mantiene siempre nuevo.

Esto es lo que hay. No te confundas con tu traje.

(*) Aquí entendemos éxito en un sentido amplio.

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