La fiesta y la puerta

Te encuentras en una fiesta. Bastante gente. Cada uno girando alrededor de sus pensamientos, se mueve en la fiesta como mejor puede: unos buscan pareja, otros llevan ropa cara, alguien baila mejor… música, bebida, algunos enamorados, otros que discuten, jóvenes que han venido con sus padres y viejos que recuerdan tiempos pasados, un borracho…

Eres uno más, participas, te relacionas, bebes, te enamoras y te enfadas, a veces disfrutas… pero hay algo que no acaba de encajar. Durante mucho tiempo pensaste que se debía a que no eras suficientemente bueno bailando, tampoco llevabas el mejor traje ni el coche más flamante. Estabas seguro de que era eso. Debías esforzarte en bailar mejor, vestirte mejor, tener un coche mejor, además todos en la fiesta lo tenían igual de claro, los paneles publicitarios así lo aseguraban: cuando consigas el nuevo BMW, serás el más feliz de la fiesta, todos te respetarán, y te llevarás las mejores parejas.

De repente te percatas de algo: no sabes dónde estabas antes de la fiesta. Fascinante, estoy aquí, los demás también están aquí, pero nadie sabe dónde estaba antes. La potencia de ese pensamiento destaca por encima del ruido, de la música, de la cháchara y de las risas: ¿dónde estabas antes de la fiesta?

Al tomar consciencia de esto, descubres una cosa más: en la fiesta hay una puerta con una característica especial. Parece que quien la atraviesa no vuelve a ser visto en la fiesta. Todos los que han estado en la fiesta un poco antes que tú, todos sin excepción, han atravesado ya la puerta. Eso centra tu atención de tal forma que las cosas de la fiesta pasan a un segundo plano… Música, bebida, gente, sí, sí, pero ¿qué hay detrás de la puerta?

Sigues en la fiesta, pero tu consciencia, un tanto perpleja, ha dejado de vibrar con la música de la fiesta. Percibes que las cosas no son lo que parecen. Si no es importante la ropa que lleves, ni el coche que tengas, ni con quién estés, entonces¿Esto de qué va realmente?

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