El equilibrio de los sistemas

El principio de conservación de la energía dice que “en cualquier sistema físico aislado, la energía permanece constante”.

En sentido amplio, cuando sobre un cuerpo actúan varias fuerzas, si estas se compensan entre ellas, el cuerpo permanecerá en su estado actual de reposo o movimiento. Si no se compensan, habrá una resultante que modificará el estado cinético (o producirá una deformación mecánica).

Este principio es igual de válido para tratar con procesos mentales. Si un individuo recibe un estímulo traumático y lo racionaliza, la energía del trauma se transforma en un incremento de su nivel de comprensión.   En cambio,  si reacciona depresivamente, el trauma se convierte en depresión. En ambos casos el individuo pasa a una nueva situación de estabilidad.

Las dos anterores no son sino manifestaciones en el mundo físico y en el psicológico de una ley más general, que podríamos enunciar, como teorema,  de cualquiera de estas dos formas:

  • “El conjunto de variables que define un sistema siempre se encuentra en equilibrio.”
  • “El cambio en cualquier variable de un sistema siempre apareja la alteración de al menos otra, que lo equilibra”.

Un corolario de este teorema es que, aún si fuese posible alterar el pasado, no se podrían insertar o eliminar sucesos, y que todo lo demás quedase igual.

Cuando alguien dice, por ejemplo, “me gustaría tener más dinero” (Obsérvese que la proposición tiene dos partes, la explícita: “me gustaría tener más dinero”, y la implícita “… y que todo lo demás se quedase como está”), está planteando algo absolutamente imposible. Con más dinero sus hijos habrían forjado un carácter diferente. Las relaciones de pareja no serían las mismas, y su grado de comprensión, construido entre otras cosas a partir de los estímulos derivados de su situación económica, tampoco sería el mismo.

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