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Presentación

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Lo único que puede modificar tu vida es tu nivel de comprensión.

Es más fácil encontrar un lugar si lo estás buscando, porque cuando te das cuenta de que lo buscas ya estás relativamente cerca de él. Si no lo buscas llegarás igual, pero te queda algo más de camino.

JAM

ESTO

Tomás y Luis

Tomás y Luis eran vecinos, habían crecido siendo amigos, sus vidas transcurrieron bastante paralelas hasta que terminaron la educación elemental. Luís aprendió a tejer y se empleó en una fábrica. Tomás siguió estudiando y terminó la carrera de económicas.

Un tiempo después, Tomás entró en el banco. Año y medio más tarde, Tomás ascendió a director de oficina y en dos años más, le hicieron director comercial provincial.

Un día, el banco financió una urbanización de lujo cerca de la ciudad y Tomás aprovechó la oportunidad para adquirir un chalet. A los pocos meses de estrenada la nueva vivienda, Tomás salió de la urbanización y, al incorporarse a la carretera general, un tanto absorto en un asunto del banco, invadió el carril contrario, chocó de frente con otro vehículo y se destrozó la pierna izquierda. Tuvieron que operarle para recomponerla, mejoró pero a las pocas semanas murió de un trombo-embolismo producido como consecuencia de las heridas.

Luis pidió permiso en la fábrica para ir al entierro de su amigo.

¿Qué suceso en la vida de Tomás le había llevado a su trágico final? A primera vista podríamos pensar que lo malo fue despistarse conduciendo, pero el estaba allí porque vivía en un chalet que pudo comprar gracias a sus ascensos que, a su vez, fueron consecuencia de los estudios que sus padres le costearon. Sus padres trabajaron duramente y ahorraron para poder darle una vida mejor que la que ellos habían tenido, como intentaban todos los padres de familia honrados y responsables pero ¿había sido bueno o malo que lo hubiesen conseguido? Por supuesto se alegraron de que Tomás consiguiese la plaza en el banco, y más si cabe con cada uno de sus ascensos pero, a la vista de lo sucedido, ¿realmente deberían haberse alegrado, o más bien lo contrario, puesto que el camino de la desgracia de Tomás se trazó con esa secuencia de “hechos positivos”?

¿Qué hubiese pasado si alguno de los sucesos en la vida de Tomás hubiese ocurrido de otra forma, por ejemplo uno de sus ascensos?

NacimientoMuerte02

¿Es razonable suponer que el resto de su vida hubiese transcurrido exactamente de la misma forma, con la única salvedad del ascenso?, parece que no. Sin el ascenso no le habrían subido el sueldo, con menores ingresos no habría comprado esa casa. Su vida habría sido diferente, habría conocido a alguna persona más y a alguna menos, quizás su esposa no sería la misma, ni sus hijos…

Es decir, en la línea de la vida de Tomás no podemos eliminar un suceso y volver a juntar los extremos, de manera que el trazado quede igual. Si el ascenso no se hubiese producido, su línea de vida habría sido otra, más o menos diferente.

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Entonces, ¿debería de haberse alegrado del ascenso? ¿Cuál de las dos vidas había sido mejor? ¿Qué significa mejor?

Tomás sí se alegró ¿cómo no iba a hacerlo?, es lo normal, todo el mundo lo habría hecho. Todo el mundo lo hace… pero eso no contesta a la pregunta. Lo hizo, sí, pero ¿tenía motivos reales, o actuó condicionado, entrenado por la sociedad que “sabe qué cosas son buenas y qué otras no”?.

Antes de adoptar una posición emocional, antes de organizar una celebración con los amigos, o sentirse frustrado y sumergirse en pensamientos de autocompasión, Tomás debería de haber conocido tres cosas: la primera, cuál es el objetivo de la vida, la segunda, la forma de las líneas de vida que se derivarían en el caso de producirse o no el ascenso y, por último, cuál de ellas le aproximaría más al objetivo de la vida. Sin conocer alguna de estas tres, la alegría de Tomás podría no ser diferente a la del pez que encuentra un gusano para descubrir instantes más tarde que esconde un anzuelo en su interior, o de la de quien le toca la lotería sin saber que junto con el boleto premiado adquiere un setenta por ciento de probabilidades de encontrarse, antes de tres años, con su familia desestructurada y en una situación económicamente peor que la que tenía antes de tocarle.

Cuando estamos delante de un suceso objetivo, se desencadena el proceso simplificado siguiente:

  1. Los sentidos ponen a disposición de nuestro intelecto los datos que recaban del suceso.

  1. El intelecto los clasifica y analiza usando los criterios correspondientes al nivel de la persona en esa materia, extrayendo una serie de conclusiones mentales.

  1. El cuerpo segrega las sustancias oportunas a las conclusiones del razonamiento, lo que constituye la reacción emocional al suceso, es decir, el cómo nos encontramos después de que ocurra.

Hay numerosas imperfecciones en este procedimiento. Los datos que llegan a nuestros sentidos no suelen ser todos los que ha generado el suceso, luego nuestra percepción de él será más o menos incompleta. El nivel de consciencia que poseemos: la forma de entender los datos, relacionarlos entre ellos y compararlos con determinados patrones (nuestra estructura mental o nivel de ser) es diferente para las diferentes personas.

Lo que ocurre realmente es que las personas reaccionan emocionalmente a los sucesos en función de sus deseos, obteniendo un grado de placer o dolor resultante de la diferencia entre lo que creen que es y lo que creen que debe ser.

Si tus datos son incorrectos, lo que tú crees que es no será lo que realmente es, por tanto las conclusiones que obtengas a partir de ahí serán incorrectas. De la misma forma, si tu capacidad de razonamiento no es perfecta, tus conclusiones también serán equivocadas. El hinduismo encontró una solución a este problema mediante la “no acción”, consistente en actuar sin esperar ni valorar los frutos de la acción. En la práctica es lo siguiente: cuando tengas que actuar hazlo usando los mejores datos de los que dispongas, y analizándolos de la mejor forma de la que seas capaz y nada más. El estado de consciencia que poseemos los humanos, y el alcance de nuestros sentidos, no nos permiten acceder a la comprensión del sentido de la vida, lo cual no es obstáculo para que nuestro estado de ánimo oscile tan amplia como injustificadamente. Si juzgas emocionalmente lo que ocurra después te equivocarás seguro, porque no conoces el propósito.

La imaginación

Tenemos una sensación de que el futuro será de una forma parecida a esta: Imaginación02

lucharemos por alcanzar determinada cosa y, cuando la consigamos, ya habremos llegado y el éxito* se mantendrá indefinidamente. Esta sensación es una de las que emanan desde esa especie de zona oscura que empieza donde termina la visión periférica, más o menos a la altura de las orejas, ese trasfondo que constituye el subconsciente. Una consecuencia de esta forma de imaginar el futuro es que vivimos como si no fuésemos a morir nunca. En nuestra sociedad este enfoque está bien visto, pero parte de una falsedad, y sobre lo falso, al igual que sobre el miedo, nunca se puede construir algo sólido.

La realidad es que todas las vidas posibles pueden enmarcarse en este otro gráfico:

Imaginación01

Todos los humanos que han existido hasta hoy desde los albores de nuestra especie han trazado líneas de vida que, independientemente de donde partiesen (sus condiciones de nacimiento), y del nivel de éxito que hayan tenido a lo largo del tiempo, han terminado en muerte, unos años por debajo o por arriba del tiempo medio de vida. Las únicas diferencias entre unas u otras están en la forma de la curva y su duración.

Ninguna es especial, resultan más o menos cómodas en función de la forma que tengan. Los tramos ascendentes suelen ser agradables y los decrecientes al revés  pero, en cualquier caso no durarán mucho, nada prácticamente respecto a los casi catorce mil millones de años que tiene este universo. Con toda seguridad, desde los cromañones hasta hoy, habrá habido miles de personas con una vida estructuralmente muy parecida a la tuya.

Habrás visto algún documental de naturaleza en el que nace una planta sobre un campo de hierba, crece, florece y muere, todo en cinco segundos… pues eso se ajusta mucho más a cualquier vida que el primer gráfico de arriba.

Los caminos de vida de todos los niños de ayer terminan, como máximo, en uno de los ancianos de hoy.

Ningún traje se mantiene siempre nuevo.

Esto es lo que hay. No te confundas con tu traje.

(*) Aquí entendemos éxito en un sentido amplio.

El equilibrio de los sistemas

El principio de conservación de la energía dice que “en cualquier sistema físico aislado, la energía permanece constante”.

En sentido amplio, cuando sobre un cuerpo actúan varias fuerzas, si estas se compensan entre ellas, el cuerpo permanecerá en su estado actual de reposo o movimiento. Si no se compensan, habrá una resultante que modificará el estado cinético (o producirá una deformación mecánica).

Este principio es igual de válido para tratar con procesos mentales. Si un individuo recibe un estímulo traumático y lo racionaliza, la energía del trauma se transforma en un incremento de su nivel de comprensión.   En cambio,  si reacciona depresivamente, el trauma se convierte en depresión. En ambos casos el individuo pasa a una nueva situación de estabilidad.

Las dos anterores no son sino manifestaciones en el mundo físico y en el psicológico de una ley más general, que podríamos enunciar, como teorema,  de cualquiera de estas dos formas:

  • “El conjunto de variables que define un sistema siempre se encuentra en equilibrio.”
  • “El cambio en cualquier variable de un sistema siempre apareja la alteración de al menos otra, que lo equilibra”.

Un corolario de este teorema es que, aún si fuese posible alterar el pasado, no se podrían insertar o eliminar sucesos, y que todo lo demás quedase igual.

Cuando alguien dice, por ejemplo, “me gustaría tener más dinero” (Obsérvese que la proposición tiene dos partes, la explícita: “me gustaría tener más dinero”, y la implícita “… y que todo lo demás se quedase como está”), está planteando algo absolutamente imposible. Con más dinero sus hijos habrían forjado un carácter diferente. Las relaciones de pareja no serían las mismas, y su grado de comprensión, construido entre otras cosas a partir de los estímulos derivados de su situación económica, tampoco sería el mismo.

 

El síndrome del éxito

Hace muchos años aparecieron unas noticias, próximas en el tiempo, que hablaban de algunos jóvenes famosos que se habían suicidado. Es decir, alguien que lo tenía todo (todo lo que convencionalmente se cree que es importante tener, aquello que hay que conseguir), que estaba en la cumbre, que había llegado a la meta… se suicidaba. Esto no parecía tener ningún sentido. Bueno, no lo tendría si la premisa fuese cierta, y “todo lo que convencionalmente se cree que es importante tener” fuese lo realmente importante.

Un ejercicio sencillo: escribe una lista ordenada con lo que es importante para ti.

¿Cuantas de las cosas que has puesto en los tres o cuatro primeros puestos se pueden comprar con dinero?

El síndrome del éxito consiste tener todo lo convencionalmente importante, pero encontrarse igual de vacío que antes, con el agravante de que ya no se puede buscar nada, porque se cree que se tiene todo.

La felicidad del pobre

Una forma de justificar la insatisfacción consiste en creer, más o menos conscientemente, que se debe a lo que no se tiene. Ello determina que se viva persiguiendo cosas que, si se consiguen, provocan el síndrome del éxito, y si no se consiguen, te mantienen en en un estado de insatisfacción permanente.

¿Entonces…?

El asunto es que la infelicidad y la insatisfacción no son causa de lo que no se se tiene, sino de lo que no se comprende, de ahí la frase de presentación de este blog:

“Lo único que puede modificar tu vida es tu nivel de comprensión.”

El sapo, la charca y las moscas

Puede que el colmo de la felicidad de un sapo sea tomar el sol en su charca. Seguramente una mosca sea para él su manjar preferido, o quizás una jugosa mosca verde, o una moscarda. Es posible que pelee con los otros sapos para obtener un lugar de privilegio en el cieno y, desde esa posición de éxito, atraer a más parejas.

Cada hábitat alberga a los seres que precisan de sus condiciones. No hay sapos en el cielo ni águilas en la ciénaga, pero

Si al sapo nunca le faltasen moscas, agua cenagosa, y alguna rana, ¿qué fuerza iba a empujarle a dejar de ser sapo y convertirse en águila?

El sapo vive en un planeta que gira alrededor de un sol, situado en una galaxia de cien mil años luz de diámetro, que alberga más de doscientos mil millones de estrellas, situada a su vez en un universo conocido de cien mil millones de galaxias… ¡¡y para él lo más importante son las moscas!!.

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